Sonisphere Festival 2012

25 y 26 de Mayo de 2012
Auditorio John Lennon, Getafe
Sonisphere Festival 2012
Fotos pinchando aquí . Videos en este enlace

Viernes 25 de Mayo

Llegaba el Sonisphere Festival en su 4ª edición española con el cartel de ser, por el momento, el festival metalero de referencia este año 2012, siendo acogido por el municipio de Getafe por tercera vez consecutiva, aunque a última hora se decidió cambiar al recinto del Auditorio John Lennon en vez del Getafe Open Air de las 2 ediciones anteriores.

Este cambio de última hora fue bien recibido por los expectantes poseedores de entradas y bonos con derecho a acampada días antes de su fecha de celebración, ya que por un lado el mal recuerdo de las polvaredas habidas en el Getafe Open Air y por otro el buen sabor de boca que dejó aquel Getafe Electric Weekend del 2008 hacían presagiar que este año, con Metallica y Machine Head entre otros de vuelta al mismo recinto podríamos presenciar otro festival antológico, dentro de lo que cabe y con la crisis que está cayendo, claro.

Con este cambio de ubicación, el festival pasó a ofrecer un recinto de conciertos amplio, en zona asfaltada, con 2 escenarios al aire libre bastante distantes el uno del otro y una carpa para DJ’s, donde además, dado que el viernes 25 de mayo se jugaba en la cercana capital madrileña la final de la Copa del Rey de fútbol enfrentando al Athletic de Bilbao y al FC Barcelona, proyectarían el partido en una pantalla gigante. Por tal motivo también vimos bastantes asistentes ataviados con la camiseta de fútbol de su equipo, en la mayoría de los casos la rojiblanca del Athletic. Aunque a la postre tendrían que ahogar sus penas en kalimotxo y metal ya que fueron los catalanes los que se alzaron con la victoria por KO. Pero en fin, volviendo al recinto, también destacar que como mejora al Electric Weekend de 2008 celebrado allí mismo, la zona de acampada se ubicó anexa al recinto de conciertos, como una extensión de éste en la misma avenida de John Lennon. El punto negativo fue la total ausencia de arbolado con su correspondiente sombra. Respecto a la dureza del suelo decir que no hubo problemas ni para clavar las piquetas de las tiendas de campaña ni para conciliar el sueño, no al menos por motivos de irregularidades del terreno. Lo del calor y la ausencia de sombra ya fue otro cantar.

Y digo que fue otro cantar porque en este contexto sobre las 12:00 a.m. llegamos el viernes a la zona industrial de Getafe donde se halla el Auditorio John Lennon buscando un sitio no lejano y seguro donde aparcar y descargar los bártulos. Nada más bajar del coche percibimos que, o en la meseta hace más calor que en el sureste, o ese día iba a ser el veranillo de San John Lennon. Recordamos que en el Electric Weekend estuvo nublado y lloviznó constantemente, lo que hizo que, charcos aparte, el tiempo fuera más fresco y más ameno para la mayoría. Nos encaminamos hacia la zona donde se recogían las pulseras y ya vimos que muchos asistentes habían colocado el chiringuito en la zona de acampada y otros tantos se disponían a hacerlo. Se presagiaba una buena asistencia al festival.

Llegado el momento de hacer las colas en los accesos al recinto comenzaron las idas y venidas de gente a la espera de que la organización, a cargo una vez más de LTI (Last Tour International) fuese puntual. Y de hecho lo fueron, ya que prácticamente a las 16:45 p.m., tal como anunciaban, se abrieron las puertas del recinto. Y allí estábamos bajo un sol de justicia, en un recinto mucho más amplio que el que acogió al Electric Weekend de referencia debido en parte a la ausencia de gradas, buscando algo de sombra y bebida fresca en la carpa de DJs donde estaba una de las barras. Nada más entrar vimos que un extremo del recinto rectangular se encontraban los puestos de merchandising, mercadillo y comida, menos abundantes los de esto último, y en el extremo opuesto estaba el escenario 1. A medio camino entre ambos extremos, la carpa de DJs. Antes nos fuimos a pillar las fichas ya que como es habitual en estos festivales no se puede pagar con dinero contante y sonante lo que consumas allí. Nos sorprendió gratamente la genial idea de que las fichas fuesen púas de guitarra, hechas de algún tipo de plástico, con el logotipo del festival impreso por un lado y nombres de grupos como Iron Maiden, Slash o Söber por el otro.

Dicho y hecho, birra fresquita en mano, y gorra puesta, me fui a situarme en primera fila del escenario 2, cerquita de la carpa de DJs y de las barras de bebidas para ver a la primera banda del festival, que no la primera en tocar, ya que este honor le correspondió a los hard-rockeros Six Hour Sundown liderados por Lauren Harris, la hija del mítico bajista de los Iron Maiden, en el escenario principal a las 17:20 p.m. en punto. Por referencias sabemos que el público que se acercó a verlos fue más bien a “verla” y a conocer el escenario donde más tarde tocarían los grandes del festival. En mi caso, con una diferencia de 10 minutos entre la apertura de un escenario y otro, opté por conocer al hermano menor, el escenario 2, donde esperaba disfrutar de otro vástago de los Maiden, en este caso Austin Dickinson al frente de Rise To Remain, banda londinense joven pero bastante elogiada por la crítica de los medios específicos tras sus dos trabajos discográficos en forma de EP (Bridges Will Burn) y su CD City of Vultures.

Y fue de este trabajo de donde se sacaron la mayor parte del repertorio que fueron desgranando unos ingleses que decían haber dormido 4 horas y allí estaban ellos, todos de negro, a más de 30 grados! Me gustó su Metalcore melódico bastante accesible para quien no le gusten los cantantes que abusan de gritar y los riffs pesados carentes de virtuosismo. Porque si hay algo que destaco de Rise To Remain es su guitarra solista Ben Tovey, que al igual que Austin Dickinson, además de tener una actitud positiva y de conexión con el público, también nos demostró que es un figura de la guitarra, un Guitar Hero en potencia y que a buen seguro debe llevar el peso compositivo de los temas de la banda junto con Austin. En mi humilde opinión, este tipo va a tener una larga y prolífera carrera musical, si no se le tuercen las cosas. En cuanto a Austin Dickinson, se defiende en las voces melódicas y sorprende en las guturales ya que es capaz de sacar auténticos “Growls” que no se corresponden con su algo endeble apariencia. Eso sí, no paró de correr y animar al público, agradeciendo haber tenido tan buena acogida en su primera visita a España. A buen seguro volverán si se les presenta la oportunidad. En resumen, muy buena apertura de festival, con un público entregado, en su mayor parte fans de la banda, en 45 minutos que se pasaron volando.

A la misma hora que finalizaron Rise To Remain, las 18:15 p.m. los veteranos Corrosion Of Conformity entraron en acción en el escenario 1. He de reconocer que, una vez vista la enorme distancia entre un escenario y otro, con horarios solapados, así como la gran afluencia de público tomando posiciones en cada escenario para ver a sus grupos favoritos del cartel, me hizo tomar la decisión de no moverme demasiado de una punta a otra del recinto, con lo que a Corrosion Of Conformity los pasé totalmente por alto. Me interesaba más refrescarme un poco y volver al escenario 2 para presenciar la siguiente actuación y poder sacar unas buenas fotos y vídeos para disfrute personal y de aquellos que no pudieron ir al festival.

Y a las 18:35 p.m. allí estaban ellos, los galeses Skindred con su vocalista Benji Webbe como maestro de una ceremonia de reggae metal en todo lo suyo. Había escuchado poco a esta banda y en los días previos al festival hice por escuchar un poco más ya que su propuesta me parecía bastante original. Y más que original, lo que nos demostraron a los muchos asistentes a su concierto, es que son una banda divertida. Se tocaron sólo 8 temas en 45 minutos, pero es que las intervenciones de Benji y del DJ fueron toda una lección de cómo meterte al público en el bolsillo siendo, en teoría, un grupo “comparsa” en el cartel del festival. Yo lo definí como si hubiera visto a unos Black Eyed Peas endemoniados, con mis respetos hacia unos y otros. Para quien no los conozca, tienen 5 álbumes en su carrera, el último titulado Union Black, repletos de ritmos Metal, Rock y Reggae aderezados con la voz versátil de Benji. Buen rollito en general altamente recomendable.

Aunque todavía hacía calor, cogí rumbo al escenario 1, donde a esa hora era insufrible estar por ser justo donde se ponía el sol y se hacía más difícil tanto tomar fotos y vídeos como alzar la vista sin sentirse un poco deslumbrado. A esas horas ya puedo decir que me había puesto más colorado que un guiri sin crema solar. Llegué con el concierto de Sonata Artica ya empezado, y a pesar de no ser un fan del Power Metal, hay que reconocer que los finlandeses son fieles a un estilo y puesta en escena dignos de ser considerados uno de sus máximos exponentes. Me parecieron, en comparación con otros grupos del mismo estilo, algo más suaves o finos. De hecho, percibí que su público fiel no se destaca por alterarse ni montar los clásicos pogos o circle pit habituales en los festivales de metal. Tocaron un total de 10 temas, con todos sus trabajos discográficos representados. Llegado este punto, he de decir que no he mencionado la calidad del sonido de los conciertos que había visto hasta ese momento porque fueron todos bastante correctos por no decir buenos, incluido el de Sonata Artica. Y eso es muy importante cuando vas a escuchar a una banda de este estilo y calidad.

Cuando terminaron los finlandeses, teniendo en cuenta que allí mismo tocarían Limp Bizkit tan sólo media hora después, y que en el lejano escenario 2 ya llevaban tocando un rato Kobra And The Lotus, con la rubiaza Kobra Paige encabezando a la formación canadiense que, a buen seguro, dieron espectáculo con su heavy metal de lo más puro del cartel del festival, decidí permanecer allí y acercarme un poco más cerca del escenario 1. Hay una diferencia destacable en comparación a mi anterior experiencia en aquel mismo recinto cuando se celebró el Electric Weekend del 2008: en aquella ocasión pude presenciar varios conciertos en primera línea del escenario 1, pero esta vez fue imposible debido a que la organización reservó una zona llamada Black Circle en forma triangular donde accedieron quienes compraron los  1.000 bonos a un precio superior. Esto hizo que quienes no éramos los que se pudieron permitir este “lujo” tuviéramos que agolparnos contra la barrera metálica que separaba esta zona del resto del público si queríamos ver los conciertos desde la ubicación más privilegiada posible.

A las 20:45 p.m., tras empezar sonando la Marcha Imperial de Star Wars, en una versión algo más cutre que la que anteriormente nos habían dejado Skindred aderezada con una base rítmica en clave electrónica, aparecieron Fred Durst y los suyos, con un Wes Borland que una vez más nos dejó a todos flipados con su nuevo atuendo, una especie de paladín sadomasoquista, con peluca blanca, máscara carnavalesca con leds dibujando la silueta de un ave fénix y para rematarlo manchas de supuesta sangre en la entrepierna tanto por delante como por detrás. En definitiva, un look impactante que es lo que seguramente pretendía ser. Empezaron repartiendo leña de buenas a primeras con una reducida Why Try enlazada con Break Stuff. Destacar que Why Try fue el único tema de su último álbum Gold Cobra, el más flojo con diferencia de todos sus trabajos. Hubo un par de detalles que rápidamente me llamaron la atención: uno fue ver a un tipo canijo mal disfrazado de Ninja filmando en video todo el concierto desde el escenario, con total seguridad fue una parte del show que no llegué a entender. El otro detalle, mucho más importante para todos los que somos seguidores de la banda es que era el primer concierto sin DJ Lethal, para mí uno de los pilares y diferenciales en los que se basa el éxito de Limp Bizkit. Su sustituto “dicen” ocupaba un puesto bastante escondido en el escenario y sinceramente no lo llegué a ver. Con todo esto, disfruté como un enano de los grandes temas que fueron tocando como My GenerationLivin’ It UpEat You Alive (con un invitado del público al que Fred Durst llamó para cantarla con él y que flipó él solito más que el día que perdió la virginidad), Take a Look Around  o My Way. Hubo momentos en que la excitación del concierto decayó porque Fred Durst demostró tener más ganas de transmitirnos una imagen de aburrirse, con monólogos desganados, que de poner aquello patas arriba. Estoy seguro de que todos los que estábamos allí hubiéramos cambiado el Club de la Comedia de Fred por “Nookie”, que no la tocaron, en su setlist. Pero en fin, Fred Durst tiene ganada su fama por cosas así y eso ya lo sabíamos. Lo que pasa es que es inevitable compararlos con la última vez que los ví en el 2010 en la sala Razzmatazz de Barcelona, mucho más a saco y con un setlist más extenso. En la parte final del show Fred llamó al escenario a todas las chicas que quisieran subir para tocar su versión del Faith de George Michael y el puntazo, preparado o no, lo puso una rubia con pinta de pija alemana que nos deleitó con sus pechos al descubierto con la palabra Faith pintada en negro. Después de eso, Rollin’ y para casita todo el mundo, ellos, que no el público, pues ya se había ido el calor con la llegada de la noche. LIMP BIZKIT no me dejaron con mal sabor de boca, porque me flipan, pero reconozco que fueron una pequeña decepción, la primera del festival, porque irremediablemente los comparé con los que vi 2 años atrás apiñados dentro de una sala como la Razz.

A esas alturas, he de decir que ya empezaba a sentirme cansado, y por ahí venían los platos fuertes de la noche, así que decidí seguir por los aledaños del escenario 1 para ver a continuación a Offspring, dejando de lado totalmente a unos Kyuss Lives! que no me enamoran ya que el Stoner no es tampoco de lo que más consumo. Los que sí lo hacen, dicen que estuvieron muy bien y que lo disfrutaron. Yo digo que menos mal que no me gusta de todo, porque si no, o hacen los festivales con menos grupos o yo muero en el intento por aprovecharlos al máximo. Aunque mejor será que mientras tanto siga haciendo lo que hice, que es seleccionar a mi buen criterio donde me reviento las piernas.

Y ya con la noche metida de lleno llegaron los eternos adolescentes Offspring, dispuestos a resarcirse de lo que fue, en aquel mismo escenario en 2008, uno de los conciertos más irregulares que han dado ante más gente. Y es que en aquella ocasión los fallos técnicos y parones constantes cortaron mucho el rollo del público, a pesar de que es innegable la calidad con la que ejecutaron todos los temas.  Esta vez sí, pudieron desarrollar su concierto con total normalidad, con absoluta calidad de sonido y con la misma fidelidad con la que instrumentos y voces sonaron en relación a sus grandes éxitos con los que la inmensa mayoría crecimos 15 años atrás, algunos adolescentes otros ya en nuestros veintipocos. El concierto lo vi sentado en el césped de un lateral, viéndolo por las pantallas y disfrutando, a la misma vez que descansaba mis maltrechas piernas y espalda, de Come Out and Play, Original Prankster, Bad Habit, Why Don’t You Get a Job?, Pretty Fly (for a White Guy), para terminar con el himno Self Esteem. En total casi una veintena de temas cortos y directos a la sien de un grupo que ya se está convirtiendo en un habitual todos los años en festivales españoles. Perfectos como prólogo extenso y de lujo para lo que en breve estaría por aparecer en el mismo escenario 1, los más deseados de la noche, los míticos Soundgarden.

De nuevo, por permanecer en el mismo escenario 1, tuve que desechar a otro grupazo, los Paradise Lost que en el escenario 2 llevaban ya un casi medio concierto donde seguramente iban a estar desgranando temas de cualquiera de sus trabajos menos los que a mí más me impactaron en su día que fueron Icon y Draconian Times. Cosas que pasan con los grupos que dan giros radicales a su estilo. Un día los amas y al otro los ignoras.

Pero en fin, allí estaban Soundgarden para hacernos retroceder a los tiempos en los que el Grunge era religión musical y ellos sus apóstoles más melancólicos. Después de 15 años sin pisar un escenario por estos lares, viendo al Sr. Cornell en otros quehaceres con Audioslave o a Matt Cameron siendo un fijo en Pearl Jam, todos teníamos curiosidad y ese gusanillo en el estómago por miedo a que la reunión no saliera todo lo bien que esperábamos…

Pues bien, la cosa comenzó con los peores temores, con Searching With My Good Eye Closed, un mal sonido, un Chris Cornell con la voz rota, un Kim Thayil con una guitarra imperceptible, cosa que fastidia pues son los dos elementos diferenciadores de Soundgarden, y una puesta en escena, digamos, algo jurásica. En aquel momento, con el cansancio acumulado, volvió a mi mente aquel pensamiento de que “podían hacer los festivales con menos grupos”, pero en un acto de fe que coincidió con la mejora del sonido y de la voz de Chris Cornell conseguí seguir en pie. Como un viejo pero potente motor que se fue engrasando tocaron un setlist que creo benefició a los más acérrimos seguidores de la banda donde aparecieron Spoonman, Jesus Christ Pose, Fell on Black Days, Outshined, Rusty Cage, Black Hole Sun, etc…en un concierto mítico, lleno de nostalgia, aunque sobrio y que a decir verdad nos dejó algo apáticos, tal vez porque a éstos sí que se les nota que están mayores y con seguridad porque el personal ya estaba reventado. Puede ser que el grunge tuvo su época, su sentimiento, y nosotros ya nos hayamos hecho a otras épocas y sentimientos. Nota a destacar: Matt Cameron es el único que sigue estando hecho una máquina, qué manera de tocar la batería y darlas todas en su sitio. Impresionante. Kim Thayil y Ben Shepherd hicieron gala de su habitual actitud discreta en escena y a Chris Cornell sí que lo vimos un tanto agarrotado, hasta me pareció verlo cojear. Cerraron con Slaves & Bulldozers no sin antes tocar el único tema actual compuesto para la banda sonora de la peli Los Vengadores, llamado Live To Rise, en el que más que Soundgarden vimos que destila a raudales los derroteros por los que ha venido desarrollándose la carrera en solitario de Cornell. En fin, misión cumplida.

Y fue en ese momento donde me pregunté cómo diablos iba yo a aguantar el chaparrón brutal que tanto había esperado presenciar con Machine Head. En el Electric Weekend de 2008 los tuve que sacrificar para poder ver a Metallica en primera fila. Esta vez no se me daría el caso, ya que al tocar ambos en días diferentes y ya estar allí, en el mismo escenario donde acababan de terminar Soundgarden, lo tenía fácil. Fácil si no fuera porque la fe se me estaba acabando y mi cuerpo arrastraba el intenso día desde las 7 de la mañana que nos pusimos en carretera tras una semana de mucho trabajo. Pero en fin, allí me quedé, sentado en el suelo como muchos, rodeado de vasos de plástico y colillas, que es aquí donde vengo a mencionar que las papeleras brillaron por su ausencia y vimos contenedores muy dispersos en los cuatro cantos del enorme recinto. Así que a esas horas el asfalto estaba recubierto de una capa irregular de desechos humanos. Mientras tanto Orange Goblin descargaban en el escenario 2, por donde hacía horas que yo no había vuelto a aparecer, su mezcla de metal pesado y stoner.

Machine Head es una de esas bandas que, como gran seguidor del metal más duro, de casi todo lo que termine en –core y lo toquen tíos con pinta de brutakos, me hacen partirme la crisma al escucharlos aunque uno ya esté viejuno. Por eso allí estaba yo cuando empezó a sonar la intro de I Am Hell (Sonata in C#), primer tema de su último trabajo Unto the Locust. Se me pusieron los vellos como escarpias dispuesto a echar el resto pensando que iban a tocar un poco de todo. Y es que Machine Head ha realizado algunos cambios de rumbo a lo largo de su carrera y en todos puedo decir que me han satisfecho. Pues bien, quien me iba a decir a mí que empezar a escuchar el doble bombo de Dave McClain iba a suponer el mayor bajón musical sufrido por un servidor en un concierto. Automáticamente miré hacia la mesa de sonido preguntándome quien era aquél desalmado que estaba echando por tierra mi sueño al hacer que ese doble bombo tan preciso sonara con tanta fuerza que era imposible percibir guitarras y voz??!! Seguí allí esperando a que la cosa mejorase tal y como ya he visto suceder en otros conciertos, tanto en el festival como en otras ocasiones, pero nada de nada. Tocaron Be Still and Know e Imperium con la misma “calidad” de sonido y entonces me vine abajo. Maldiciendo al técnico me largué a descansar y, aunque me paré un par de veces ya más lejos del escenario al sentir que el sonido mejoraba un poco, no sé si por la distancia o si porque el técnico por fin se había dado cuenta, acabé yéndome a dormir, que ya tocaba, y me perdí la segunda parte de un total de 8 temas que tocaron. Recuerdo estar ya tumbado cuando escuchaba a Robb Flynn agitar al público con su “oe oe oe oeee” que tanto le gusta. Demasiado tarde. Ahora Machine Head me debe una y no al revés.

Alrededor de las  4 de la madrugada me quedé dormido mientras en la carpa de DJs la fiesta seguía por cuenta de los dinosaurios del Heavy en las ondas Rafa Basa y El Pirata que amenizaron el resto de la velada para los valientes u osados que allí permanecieron. Pensé, con la poca lucidez que ya me quedaba: “Los festivales deberían tener menos bandas en su cartel” una vez más…

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Por Manu Hernández

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