Tiene que ser muy complicado para un grupo como Asking Alexandría salir a tocar después de August Burns Red. Y eso que los británicos, ahora encabezados por Denis Shaforostov a las voces, han ganado muchísimo tras la salida de la banda de Danny Worsnop. Algo, que por otro lado, tampoco era muy difícil viendo la puesta en escena de Danny.
Sin contar con los australianos In Hearts Wake, correctos y enérgicos para la escasa media hora de la que dispusieron, la puesta en escena del quinteto británico no es ni por asomo la de sus compañeros de gira americanos. No critico las canciones, ni los discos, sino el concierto, muy lejos de lo que se espera de un grupo del caché mediático de Asking Alexandría. No os alarméis, me explico.
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Por un lado, August Burns Red no necesitan atrezzos para demostrar lo que son, JB Brubaker es uno de esos guitarristas a los que da gusto ver en directo, se mueve, y ejecuta todo a la perfección al tiempo que Jake Luhrs demuestra cómo tiene que ser un vocalista del estilo. Seguro, potente y enérgico, una bestia sobre el escenario. Mención especial a Matt Greiner a la batería, un gustazo, hay que ver cómo toca, sencillo en equipo y muy correcto al igual que JB.
Se notan las tablas y el dominio que cada uno de los cinco tienen sobre sus instrumentos. Y eso se contagia a la sala, entregada pese a que el grupo que tienen sobre el escenario no esté sonando demasiado bien. Ya sabeis, la clásica “hacer sonar peor al telonero“.
Los de Pennsylvania se dejaron alguno de sus temas principales, normal para un concierto de 45 minutos, pero aún así, condensaron en 9 canciones toda la variedad de su discografía, desde “White Washed” y la colaboración con Jeremy McKinnon de A Day To Remember, cantada por sorpresa por el bajista Dustin Davidson, hasta momentos para demostrar su versatilidad con “Majoring In The Mirror” y “Martyr“, así como las ya clásicas “Composture” de “Messengers“, y “Empire” de “Leveler“, con la que cerraron.
Digo todo esto, la parte de los atrezzos y demás, porque Asking Alexandria son más bien todo lo contrario, necesitan de tres enormes cajones que tapen los monitores, y dos bombos de batería (aún intento averiguar para qué), al tiempo que sus guitarristas siguen más preocupados por salir bien en la foto que por tocar correctamente sus canciones. Tonterías incluidas y poco respeto a los fans el de Cameron Liddell, pasarse una toalla mojada por los huevos y arrojarla al público es en este país sinónimo de locura y de peleas por ver quien se hace con tan “preciado tesoro“. Para mi personalmente es sinónimo de poco respeto por sus fans, que por cierto, llenaron la sala.
Sólo se salva el bueno de Dennis, entregadisimo a la causa, notándose que de verdad le importa estar dónde está, un gran sonido, y un espectacular juego de luces. Por lo demás, que en una hora y cuarto sólo toquen 11 canciones, al tiempo que los teloneros en media y tres cuartos de hora respectivamente sean capaces de hacer 7 y 9 respectivamente, dice mucho de quién ha venido a tocar y quien a pasearse.
Menos mal que ahí estaban August Burns Red para merecer el precio de la entrada, que si no, aquí estaríamos hablando de otra cosa.



