Cuando tenía 15 años, todos los fines de semana iba a algún concierto en una pequeña sala de mi ciudad. Todos los fines de semana podía entregarme a mi hobby preferido, a algo que me sigue rodeando semana tras semana diez años después. Me gustaba tanto que hasta intenté tocar la guitarra por mi cuenta pero, tras fallar estrepitosamente, entendí que lo mío era ser público y quizás contarlo por escrito de vez en cuando. Ese hobby incluso estuvo presente en a la hora de decidir mi futuro profesional.
¿Qué habría sido de mi si a los 15, 16, 17 años no tuviera esa vía de escape, ocio, cultura, educación que es la música en directo? ¿Sería la misma persona, tendría las mismas opiniones? ¿Estaría donde estoy ahora? ¿Me habría dado por hacer croché en vez de gastarme la paga en conciertos? No sabéis lo feliz que estoy de no saberlo, ni de que me importe mucho en realidad, porque la música en directo es algo que llevo tan dentro de mi que no me imagino una vida sin conciertos y mucho menos una adolescencia sin conciertos.
Esta semana se ha publicado, por fin, la modificación de las leyes de la Comunidad de Madrid para poder permitir el acceso a menores a las salas de concierto. La propuesta de modificación, aprobada por unanimidad por la Asamblea de Madrid, ha sido el resultado del trabajo de Queremos Entrar, con quienes ya habíamos charlado anteriormente, y el apoyo de músicos, salas de conciertos, periodistas y, por último, políticos. Resulta absurdo y hasta gracioso pensar que un menor puede entrar en un bar, ir a una corrida de toros, cazar e incluso casarse pero no puede acceder a una sala de conciertos.
Un concierto es terreno vetado, aquello que se lleva reivindicando años como parte de la cultura de un país, sobre lo que se han escrito libros, estudios… Cuando tus propios representantes te cierran el acceso a un derecho fundamental, ¿que te queda? En este caso: organizarse y trabajar. Era necesario remarcar la importancia del acceso de los menores a la cultura, y Queremos Entrar lo han conseguido. Mil y una razones para apoyar la modificación de estas prohibiciones, cada uno puede elegir la suya.
La cultura no es solo parte de la educación, sino un derecho
Resulta ilógico pensar que un derecho reconocido en la constitución tenga tantas trabas de acceso para los primeros que deben acceder a ella: los jóvenes que se están formando y definiendo su personalidad. En múltiples estudios defienden que la música es muy beneficiosa a la hora del desarrollo de niños y bebés, e incluso hemos tenido a artistas tocando para embriones, pero curioso que esos niños no podrían volver a escuchar música en directo fuera de sus casas hasta cumplir los 18 años.
Ganamos talento
Aparte de menores como espectadores, ¿os dais cuenta la cantidad de artistas que frenamos e incluso perdemos cuando no dejamos que puedan tocar en el bar de música en directo que está a dos calles de su casa? ¿La cantidad de talento que ve trabas a la hora de presentar el trabajo que tantas horas les ha costado? ¿Por qué alguien de 16 años puede trabajar en la obra, en una oficina, pero no puede tocar en una sala porque, para empezar, ni siquiera le dejan entrar en ella?
Más conciertos
Sí, estáis leyendo bien: más conciertos. Estamos hartos de ver giras europeas de grupos que nos encantan y que, como mucho, aparcan en Francia. En España tenemos muchas trabas para la música en directo: IVA estratosférico, mala posición geográfica, etc, y la prohibición de acceso a salas de menores es una de ellas.
Olvidándonos de macro conciertos que están especialmente diseñados para adolescentes (véase One Direction, 5SOS) que pueden celebrarse en lugares donde existe logística suficiente y pueden permitirse quitar cualquier rastro de bebida alcohólica, es prácticamente imposible organizar un concierto en una sala pequeña o mediana con acceso a menores. Sólo imaginad que Moby Dick, por poner un ejemplo, tendría que quitar todo tipo de botellas de detrás de sus barras, aparte de pedir licencias especiales, que obviamente conllevan un gasto mayor. Así, tanto las salas como los promotores de conciertos tiran la toalla.
Pero imaginad ahora que grupos de pop, rock, punk rock de los que hablamos en esta web, a quienes escuchan cientos de adolescentes y que no pueden vender el Vistalegre en 10 minutos, pudieran hacer un concierto en Costello o Joy Eslava. Si tanto los promotores como las salas saben que el concierto puede llegar a un público mucho más numeroso es posible (y esperemos que así sea) que se multiplique el número de giras que por fin pasen por Madrid.
Mejora de la economía
Y esto va ligado al punto anterior. Si sois de la idea de que “al final todo se reduce a una cosa y es el dinero”, hasta aquí hay beneficios: más conciertos, más público, más ingresos para las pequeñas y medianas empresas que se dedican al entretenimiento. Porque la verdad, son pocos los gigantes económicos que se dedican a ello, e incluso las empresas que organizan esos macroconciertos de Justin Bieber no tienen tantos empleados como nos imaginamos.
Y ahora encima pensemos en las agencias de comunicación, diseñadores, montadores, músicos y técnicos de luces y sonido que se verían involucrados en el crecimiento de la oferta de trabajo en la capital. Si ya es duro vivir del mundo del entretenimiento, que no se lo pongan aun más difícil.
Disfrutar
Pero al final todo se resume en una cosa: disfrutar. Seguro que cada uno de nosotros tenemos en la memoria un recuerdo especial relacionado con la música en directo: una cita con tu pareja, una noche divertidísima con tus amigos, la canción que hace años que tenías metida en la cabeza y que por fin pudiste cantar en directo.
Maldita sea, no les quitemos esos momentos a los menores de edad sólo porque el portero de la sala no puede molestarse en dibujar una X en la mano o porque el camarero no puede perder 30 segundos en revisar un DNI. Dejadles entrar, disfrutar y opinar. Dejadles definir sus gustos, preferencias, dadle a los menores una voz, que menos que eso.
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