Crónica: Sôber están de vuelta

20 de Mayo de 2011
Sala Joy Eslava, Madrid
Sôber

Una presentación de disco siempre es interesante, pero si a eso le añades que además es la vuelta ‘oficial’ a los escenarios de una de las bandas estatales que más ha influenciado a los jóvenes en la pasada década, la cosa cobra especial importancia, e inclusive magia cuando entras a una sala que se abarrota al cuarto de hora y espera durante más de una hora la salida de una banda entregada y sobre todo agradecida a su público, juegan en casa y eso se nota.

Previo al concierto me llamo especialmente la atención que Sôber eligieran Joy Eslava para la presentación de “Superbia”, pues si bien, siempre he pensado que lo harían en una sala de mayor aforo en la que el público pudiera mantener las distancias entre si, no con el grupo, pero tras haber sido participe de la pasada noche empiezo a entender las razones que llevaron al cuarteto a esta elección. Obviando su situación geográfica, todo el mundo sabe que Joy Eslava es una de las salas más céntricas de la capital, y el sonido, a mi gusto uno de los mejores, comenzamos pues por la especial decoración, cientos de tiras de luces caen desde lo alto, simulando un telón en el que cuelga una gran ô gigante, cuyos bordes se iluminan de rojo. Seis pantallas Diezel a lo ancho por las que sobresalen cuatro bombillas y seis proyectores de luz a cada lado. Cuanto menos, impone, y es de agradecer que se recree el escenario de una forma que se asemeje tanto a lo que Sôber nos muestran. Y terminando estas razones en que Joy Eslava es una sala en la que público y banda se encuentran a escasos metros, muy cerca, pudiendo interactuar en todo momento.

La banda se hace de rogar y comienza el espectáculo entre aplausos, suena la introducción de Superbia, lejos de esconderse y querer restarse protagonismo, Carlos Escobedo, como frontman, y los suyos se crecen, el público comienza a agitarse y entrar en calor. Tras grupo y público, lo siguiente en caer es el clásico Diez años. La unión es total, tras unos instantes en continua oscuridad, la iluminación comienza a coger protagonismo mientras Carlos juega con el nombre de las canciones para presentárnoslas. “Ojala esto durase una Eternidad”, esboza con una sonrisa de agradecimiento, suena el tema de “Paradysso”. Aunque no es hasta La Nube con la que el público comienza a cantar y saltar, Antonio Bernardini y Jorge Escobedo empiezan a intercambiarse solos mientras corren por el escenario haciendo gestos desafiantes a un publico que no duda en recompensar la sensacional puesta en escena del cuarteto.

Los temas se van sucediendo y todo parece fundirse en uno, un incesante humo y montones de tiras de luz invaden la sala durante La Araña, todo está recreado a la perfección, “A esta gira la estamos llamando más diez o menos diez y os preguntareis porque. Porque estamos a todo o nada, y aquí estamos a todo”, estalla Madrid de emoción. Carlos sabe como ganarse a los asistentes minutos antes de Blanco y negro.

Fantasma y El Hombre de Hielo son algunos de los temas que suenan antes de unos momentos de improvisación en los que tanto los guitarristas Jorge y Antonio como el nuevo batería de la banda Manu Reyes, nos deleitan con sendos solos, a destacar los trepidantes ritmos del baterista. A esto le sigue la delicada pieza acústica Naufrago y los momentos más duros de todo el concierto con Cubos, Oxigeno y Arrepentido.

La banda abandona el escenario entre aplausos y gritos de ‘Otra, otra’. No tardan en aparecer con su último single, Tic Tac, que suena un poco descafeinado entre tanto clásico. El fervor de la multitud grita Loco, y así es como se llega al final, Loco y Sombras cierran un espectáculo cuidado, hasta el más mínimo detalle es importante. Sôber agradecen una vez más, perdí la cuenta de cuantas veces lo hicieron, la gran acogida que se les ha dado. Novecientas personas han llenado la sala cumpliendo con creces sus expectativas. Sôber están de vuelta con una segunda etapa, totalmente en forma, esta vez para quedarse entre nosotros.

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