Sam Carter, de Architects, habla abiertamente sobre su salud mental y las críticas a su voz

Sam Carter, vocalista de Architects, ha compartido un comunicado profundamente personal en el que habla de las dificultades que está atravesando durante el último año, especialmente por las críticas que ha recibido sobre su capacidad vocal y las consecuencias que todo ello ha tenido en su salud mental.

Después de casi dos décadas siendo una de las voces más reconocibles del metalcore, Sam reconoce que ha llegado a un punto en el que algo que antes hacía de manera natural se ha convertido en una fuente constante de ansiedad. La presión por recuperar su mejor nivel, las expectativas del público y su propia exigencia han terminado afectando a su confianza sobre el escenario.

Uno de los momentos que recuerda es su actuación en Rock am Ring, donde decidió probar una nueva técnica delante de decenas de miles de personas. Las críticas posteriores, amplificadas por las redes sociales, agravaron una situación que ya venía arrastrando desde hacía tiempo. Desde entonces, el vocalista ha estado trabajando con profesionales para recuperar su técnica y su confianza. Sin embargo, explica que el problema ha dejado de ser exclusivamente vocal. La presión psicológica ha llegado a condicionar su manera de cantar y, sobre todo, la relación que mantiene con la música.

Sam también revela que está recibiendo ayuda profesional, que acude semanalmente a terapia y que está tomando medicación para controlar la ansiedad. Durante este proceso ha contado con el apoyo de su mujer y de sus compañeros de Architects, que han sido testigos de lo mucho que le está afectando la situación.

Quizá lo más significativo del comunicado sea su reflexión sobre las expectativas que había depositado en sí mismo. Durante meses imaginó un gran regreso, una actuación en la que pudiera demostrar que había recuperado su voz y dejar atrás todas las críticas. Ahora empieza a entender que esa necesidad de demostrar algo también forma parte del problema.

Su comunicado termina siendo una reflexión sobre el impacto que pueden tener las opiniones ajenas cuando se convierten en una presión constante, especialmente en una profesión donde cada actuación está expuesta al juicio inmediato de miles de personas.

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