
“No queremos ser una banda previsible“, avisaba Simon Neil en las entrevistas previas a su publicación. La última vez sorprendieron con un disco doble de 78 minutos de duración, llegando a ser número uno en todas las listas. Biffy se toman muy en serio el sorprender, no hay disco igual, ni en estructuras, melodías, ni siquiera en su duración y concepto.
Y así, con unos puntos suspensivos empezaba una nueva etapa, acostumbrados a funcionar siempre en ciclos de tres álbumes, musicalmente más experimental, más directo, y liricamente más biográfico de lo que podríamos imaginar. La promoción de “Opposites” supuso un gran desgaste para Simon, agravada con problemas personales que le llevaron a una depresión que se ve reflejada en cada una de las canciones de “Ellipsis“, su lado más personal.
“Ellipsis“, la exploración de sus demonios, y también su expulsión, su lucha por volver a descubrir su lado más rabioso y enérgico, la pura urgencia de los Biffy más crudos. En esas encontramos “Wolves Of Winter“, un golpe sobre la mesa para los detractores de la banda (“We’ve achieved so much more than you possibly thought we could”), “Friends and Enemies” siguiendo el lado bronco y pesado (“With a friend as good as you, who needs enemies?”), y “Animal Style” para recordar que Biffy aún pueden sorprender.
Un disco que perfectamente podría estar dividido en dos partes, una más cruda y rockera, y otra más tranquila con momentos suaves como los de “Medicine” y “People“, en las que Simon desnuda definitivamente su lado más personal con letras que hablan de ese complicado periodo de su vida.
La sensación general es la de un disco que no te esperabas, sigue manteniendo ese tipo de ganchos tipicos de Biffy pero desde los extremos, es un todo o nada, o es muy crudo y enérgico, o es muy suave y emotivo, sin inhibiciones, con maestría. De hecho, gracias a ello es por lo que Biffy vuelven a ser una banda.