Caspian / Lehnen
18 de Junio de 2014
Boite Live, Madrid

Aún así, la noche comenzó realmente bien, con la mezcla austriaco-americana de Lehnen presentando los temas de su debut de larga duración “I See Your Shadows”. Un cuarteto interesante que mezcla el post rock de Mono con partes cantadas más clásicas al estilo Cave In, en ocasiones cercanas al sludge atmosférico. Mejor sin voz, lo admitimos, aunque temas como “Thomas” suenen realmente bien. Un repertorio con el que conquistaron al personal a base de guitarras pesadas, baterías potentes y una combinación de profundidad y crescendos con constantes explosiones calculadas al milímetro. Su guitarrista principal salió con una sonrisa en la cara, tocó todo el rato contagiando su buen estado de animo y se fue de la misma manera después de un bis muy aplaudido.
Para entonces, Lehnen ya nos habían adelantado algunos de los problemas que Caspian habían tenido para poder estar en Madrid. No tienen suerte, ya en su anterior visita a la capital les robaron parte del equipo. Y esta vez no iba a ser menos. Por suerte, Philip Jamieson, guitarrista y líder del grupo, prometió varias veces durante el transcurso del mismo que volverían para hacer un gran repertorio con el que agradecernos la buena respuesta y mensajes de apoyo. Un micro, el de Jamieson, que retraso el comienzo de la actuación al no sonar y acoplarse en repetidas ocasiones. Desconozco los problemas que hubieron más allá de lo que pude ver, pero la sensación es de que no se solucionó con toda la rapidez que debía, dejando la actuación del quinteto en escasos cincuenta minutos, lo que en Caspian vienen siendo seis o siete canciones, como bromeaba Jamieson.
Un set corto pero que dejó muy buenas sensaciones. Porque cuando arranca “Waking Season”, los problemas se olvidan, los malos momentos se van y nos quedamos con un derroche de personalidad y energía como el que pocas veces hemos visto. Increíbles. No hay otro calificativo para lo que hacen, y aún así se nos queda corto. Las canciones adquieren más volumen del que hubiéramos imaginado, y la luz minimista engrandece una atmósfera especial, fuera de la fragilidad que puedan aportar en estudio. El muro sónico impenetrable de temas como “Malacoda” te atrapa, la sutileza de “Concrescence” te envuelve, para terminar con la certera “Sycamore”, con todos los músicos subiendo la intensidad rítmica golpeando tambores y provocando una sonada ovación que no terminaremos nunca de olvidar. Ojala cumplan y vuelvan pronto, en condiciones, en un teatro, dónde se han ganado todo el derecho a estar.