Crónica: Dcode Festival 2011

Dcode Festival
24 y 25 de Junio de 2011
Recinto Deportivo Cantarranas de la Universidad Complutense de Madrid (25.000 personas)
Más fotos por Juan Rodriguez Talavera aquí.

Dcode, o dicho de otra forma, el festival que Madrid necesitaba. Y es que tras la desaparición de otros tantos la capital se había quedado coja, falta de un gran referente festivalero. Eso es lo que se ha intentado desde Dcode en esta primera edición, finalizando con un notable alto su incursión en el circuito. El cartel desde luego invitaba a ello, ofreciendo oportunidad a bandas noveles de compartir cartel con artistas ya consagrados a nivel internacional. Hablo de grupos como Nothink, Toundra, Autumn Coments o The Bright, y de otros como Kasabian, The Hives o My Chemical Romance. Y entre ellos la variedad y el buen gusto en la mezcla de estilos con otras tan dispares como son Sum 41, Band Of Horses, Blood Red Shoes o The Vaccines.

Como toda criatura que nace, primero se gatea, luego se camina y después se corre. En los festivales pasa lo mismo, es mejor ir de menos a más, y en una primera edición siempre hay aspectos a mejorar y desde luego en este sentido es mejor resaltar lo que se ha hecho bien que poner el grito en el cielo criticando a diestro y siniestro. Es cierto que los precios eran caros y es la principal queja pero miremos el lado positivo, pues se permitió la entrada al recinto con bocadillos y botellas de 50 centilitros que aunque un par de fuentes hubiesen estado muy bien, nota para la próxima edición, el personal de seguridad se encargaba entre concierto y concierto de recargar botellas y duchar a unos cuantos a golpe de manguera. De la variedad gastronómica también se ha hablado como aspecto a mejorar para hacer un mejor festival, como ya he citado, de menos a más y que siga creciendo.

Otro muy comentado fueron las zonas de sombra, las cuales tal vez en próximas ediciones hagan falta más, al fondo y en los laterales del recinto, necesarias e insustituibles, por otras, en las primeras filas sobretodo, es imposible poner sombra, por mucho que protesten algunas fans de My Chemical Romance, hay que ser precavido y llevarte una gorra, protector solar, o algún paraguas. Aunque en ese sentido la zona de Nokia, donde el tabaco, junto al escenario Eastpak, era bastante cómoda y con césped, no olvidemos lo del césped, al igual que la carpa Vodafone, con helados gratis, cargadores de móvil y la posibilidad de subir a las torres a ver los conciertos desde una posición privilegiada.

El recinto en mi opinión es inmejorable, con césped y sin tierra, salvo que el segundo día en la zona de batalla fuera más bien una mezcla de ambas, además de céntrico, Moncloa esta a quince minutos andando, bien comunicado en metro y autobús, inclusive nocturnos a la salida del festival y con suficiente capacidad para congregar a veinte mil personas, buenos accesos, amplias rampas adaptadas a minusválidos con zonas especiales en las torres, etc. Pero bueno, sigamos con recomendaciones y aspectos destacables, la salida con entrada de un día ha sido muy discutida, pues no se podía una vez accedido al recinto, es algo a mejorar. No olvidemos, por otro lado, lo positivo, ya que esta vez se permitió el acceso a menores, algo que yo he visto no en pocos festivales sino en pocos sitios, ofrecer la cultura a un menor es lo que se debería de hacer siempre, agradezcamos que se empiece a hacer de una vez.

Si continuamos dando un repaso al festival nos encontramos con algo que no mencionado, el asequible precio del abono, 60 euros precio especial o 70 euros en taquilla para 28 artistas es algo razonable para un festival que como se anuncio en su momento, no me lo invento yo, no cuenta con ayuda de la comunidad. Y qué decir si eras Vodafone, promociones, concursos, etc., conozco a bastante gente que gano abonos con la famosa ruleta de Vodafone Es Música.

Por último, comentar que los horarios apenas sufrieron modificaciones no más allá de los diez minutos, salvo el incidente de All Time Low, quienes rompieron su autobús de camino, ningún grupo de los escenarios principales solapo a otro y la posición de estos, uno al lado del otro, permitió al público no tener que elegir y perderse a alguna banda. Así que allá vamos con el viernes.

Viernes 24

Como estaba previsto, el calor golpeaba con muchísima fuerza en Madrid para recibir a Dcode, lo que no evito que fans de My Chemical Romance, Sum 41 y All Time Low (Algunos/as hasta habían hecho dos noches de cola) fueran los primeros en entrar corriendo al recinto para guardar primera fila al tiempo que los locales Toundra, que empiezan a hacerse un hueco en todos los festivales, ofrecian una buena apertura de rock instrumental, intenso y enérgico, más crudo y directo de cómo lo suelen hacer al no poder contar con sus colaboraciones habituales, y es que pese a ello no puedo esconder mi debilidad por su música, me encanta a todas horas, como tampoco puedo hacerlo con la de Nothink, quienes formaron la primera polvareda con temas como Kill! Kill! Genoicide, Enemy’s Meeting Point o su ultimo hit, In A Row. Las bandas de Aloud Music demostraron de lo que son capaces y de que se les tiene que tener en cuenta como algo más.

En el otro escenario, los encargados de dar el pistoletazo de salida fueron The Low Anthem, un folk rock muy cuidado y llamativo sobre todo por la presencia de instrumentos atípicos que forman un coctel de música sencilla y directa con tintes americanos de música popular y humilde. Una forma curiosa y delicada de comenzar la programación del segundo escenario. El siguiente de ese mismo esenario fue The New Raemon, el músico barcelonés con su banda al completo amenizo y agolpo las primeras conglomeraciones del festival, la gente estaba más entregada y el ambiente mejoraba por momentos mientras sonaban temas como Lo Bello Y Lo Bestia, Kill Raemon o Soñar La Muerte entre otros. No cabe duda pues que Ramón se ha ganado con conciertos así un puesto querido en Madrid.

Lo siguiente fue la incertidumbre, la espera y lo extraño, me explico; Autumn Comets pasaban a tocar en el escenario principal después de que All Time Low, relegados en acústico al Espacio Eastpak Mondo Sonoro, rompieran su autobús en Francia, no llegando a tiempo su batería para ofrecer un concierto en eléctrico, pero bueno, de ellos hablaremos más tarde ya que como he citado, Autumn Comets estaban disfrutando de su actuación presentando “A Perfect Tampoline Jump”, suponiendo un agradable descubrimiento a aquellas desconsoladas seguidoras del grupo de pop punk americano, porque si algo siempre he destacado es que en España tenemos grupos de muy buen nivel y muy interesantes. La mezcla de estilos de los madrileños dejo la grata sensación que se te queda cuando estando hambriento logras saciar el hambre con un gran aperitivo previo a los grandes platos que faltan por llegar.

Uno de esos grandes platos del escenario primero fue Sum 41, Deryck y Cone los más aclamados al salir, muy cercanos y con mucho juego, agradecidos de la buena acogida que se les brindaba y el gran ambiente que comenzaba a tener el recinto. Y no defraudaron a lo largo de sus sesenta minutos de actuación, azotaron con sus temas clásicos de todos sus álbumes, un repertorio apto para festivales, con ritmo y muy rápido, haciendo la delicia de los fans más jóvenes e incluso algunos fieles del punk con el que crecimos y es que pese a lo que se pueda decir de Sum 41, Deryck mantuvo la sonrisa durante todo el concierto, destacando sus habilidades como líder. Para cerrar la sorpresa no fue Fat Lip sino un popurrí de Metallica. Gran concierto y buena lista de temas en esta nueva visita del cuarteto a nuestro país. Parece que es el año de la banda en España. Al mismo tiempo, el único solapamiento del día le tocaba a L.A., a quienes pude ver unos pocos minutos interpretando con la clase con la que lo hacen siempre los temas de “Heavenly Hell”, mereciéndose un lugar más destacado, y recomendando su escucha, pues es increíble el feeling que tiene Luis para contagiar a todos los que pasan por allí para quedarse con ellos.

Tras el punk frenético de Sum 41 y la elegancia de L.A. dábamos paso al cuidado indie rock de Mark Oliver Everett, también conocido como E, el único miembro constante de Eels, una banda formada por una variedad de colaboradores e invitados en cada álbum. Dcode nos lo presenta dentro de una asombrosa mezcla de estilos, destacando que en la variedad está el gusto y E se muestra agradecido al público que corea su nombre con una buena dosis de temas cálidos y notables arreglos, sección de viento incluida, bajo una actitud sombría y delicada. Su suave voz se cuela por el recinto como distintivo y es difícil decantarse por algún tema en concreto, E indaga en la profundidad de sus canciones con un sonido más desgastado, que no por ello malo, pues unos constantes aplausos dicen más bien lo contrario, la forma que es capaz de dar a los temas según los músicos que le acompañen. Finalmente, nos contenta con canciones estridentes y juguetonas como “Novocaine For The Soul”, de las más coreadas, el mayor ejemplo de cómo convertir una broma autocritica en un concierto con gancho.

Tras ellos, el plato fuerte, My Chemical Romance presentando de nuevo su nuevo álbum en España, la banda liderada por Gerard Way, todos muy ataviados con la estética de este nuevo trabajo titulado “Danger Days: The True Lives Of The Fabulous Killjoys” se presento en el escenario bajo el furor de sus jóvenes fans. Para entender su actuación hay que haber seguido la trayectoria de la banda o al menos haber indagado en porque nos la presentan de tal forma, es decir, cual es la temática de la banda en la actualidad, y es que lo primero que llama la atención de su puesta en escena es que la banda ha dejado de lado el corte melancólico de sus anteriores trabajos para centrarse en algo más vivo, de tono rosado y amarillento, Gerard ya no interpreta un papel triste, recordemos su última actuación en Madrid presentando “The Black Parade” en la que incluso lloró, ahora todo es más animado, manda besos, hace su papel a la perfección y nos da algo más que una banda que se sube al escenario a interpretar unas canciones. Lo del cuarteto estaba siendo lo mejor de la noche, y pese a tener su repertorio concentrado en temas nuevos pudimos escuchar un Give ‘em Hell, Kids con el que se desato la locura en las primeras filas, revolucionadas del todo con otro tema de su considerado mejor trabajo, sonaba Hang ‘em High.

Tras ellos, Gerard por el suelo, el popurrí de temas de su último trabajo, que aunque en directo suenen cercanos a los clásicos, eché en falta alguno que otro de sus anteriores trabajos, o quizá un concierto más largo, ¿porqué no?. Aunque no obstante Helena, I’m Not Okay y Famous Last Words se sumaron al set para poner a My Chemical Romance como lo mejor del día, algo que a opinión personal comparten con Band Of Horses, pues lo de Ben Bridwell a teclado y guitarra fue de sobresaliente, el ambiente en el escenario y como consiguen una increíble atmosfera que va de menos a más, mezclando éxitos como The Great Salt Lake, con la firmeza de otras como Islands On The Coast, en la que relució un buen duelo de guitarras pasando luego al sentimentalismo suave de Factory, la banda mostró su profundidad poniendo con Funeral un gran final.

Al mismo tiempo y en otro escenario teníamos a All Time Low ofreciendo con énfasis y mucho empeño un repertorio acústico, pidiendo así disculpas a sus fans por el incidente con su autobús. Lo cierto es que aquello sirvió para que la banda desnudara sus temas y sobre el escenario se vio a un Alex Gaskarth muy entregado y agradecido, además de un tanto fastidiado. No les quedaba otra, al menos pudimos comprobar que genio tienen cuando hace falta y que si es necesario lo ponen todo en dar a sus seguidoras, más que seguidores, todo sea dicho, un concierto inolvidable e irrepetible pues en España, eléctricos puede haber muchos, acústicos con garra, pocos.

El final se acercaba, la gente hambrienta agoto las previsiones de bocadillos (quién lo ha visto y quién lo ve), y Lori Meyers destacando el cierre del escenario principal con un pop idóneo para ello, bailable, coreable y cercano. Mención final para el ascenso del Granada en futbol, lo de los andaluces es para disfrutar.

Finalmente, los que aguantaron y podían continuar con el ritmo lo dieron todo con la sesión de electrónica de Zombie Kids mientras quien escribe estas lineas decidió irse a dormir y guardar fuerzas para el segundo día.

Sábado 25

La segunda jornada de Dcode Fest se preveía más indie que la inaugural, y así fue pues ya de primeras bandas como The Bright, Polock, Havalina o Mucho, nuevo y prometedor proyecto de los ex Sunday Drivers, eran los encargados de poner en funcionamiento el ir y venir de público de un escenario a otro. Pero hay algo que especialmente me llamó la atención, y fue el lleno con el que se recibió a Manel, y es que el hecho de que una banda cantada íntegramente en catalán consiga una respuesta tan favorable en Madrid nos dice que las cosas están empezando a cambiar, que la música al fin y al cabo es lo que es, sea cantada en el idioma que sea.

Lo siguiente en nuestra lista era confirmar que el buen show de Jamaica en la fiesta de presentación del festival no fue un espejismo, y así fue, el trío francés se llevo para casa a unos cuantos fans sorprendidos ante el compacto y rockero directo los galos, aunque en comparación con el de presentación en Joy Eslava Madrid lo note algo más descafeinado, el calor golpeaba con fuerza y las energías fallaban en algunos momentos.

Otra de las sorpresas fue la del dúo ingles Blood Red Shoes, desconocidos y sin duda de lo mejor de esta segunda jornada. Hicieron una mezcla muy equilibrada de sus dos álbumes, Laura Mary Carter a la guitarra descargaba unos estridentes riffs mientras Steven Ansell a la batería se lucia ritmo tras ritmo. Influenciados por bandas como The White Stripes, el directo de esta joven formación británica atrajo tanto a amantes del blues como a los del punk de la primera edición, rock alternativo de principios de los noventa bajo una base de indie moderno que hizo que estén catalogados como ya he citado, entre lo mejor del día, y es que Steven se dejó el alma, tanto que hasta terminó vomitando, subiéndose por su batería e incluso alterando el ritmo de las canciones.

Tras ellos el nerviosismo ante The Hives y el tiempo de espera solventado por The Vaccines en un corto pero intenso concierto con cierta nostalgia a una mezcla entre Los Ramones y un rock crudo y directo. El líder de la banda, Justin Young, toca su guitarra con un aspecto psicótico, mirando más allá de todo un recinto que ya a las ocho y media de tarde comenzaba a llenarse. El caso es que mientras tanto Young y los suyos nos dejaron un concierto muy maniaco y visceral, una banda de rock con estilo. Canciones como Post Break Up Sex o el cierre de Norgaard son buena muestra de ello.

Tras ellos uno de los grandes, The Hives salieron al escenario principal de Dcode con muchísima energía, sonaba Come On mientras más de uno se echaba las manos a la cabeza ante el despliegue de los suecos. “Hola a todos, somos Los Hives”, sorprendia Pelle Almqvist con un perfecto castellano, el resto fue coser y cantar, el quinteto se metió a todo el recinto en el bolsillo a golpe de un setlist muy equilibrado, sonaron Hail Hail, Try It Again, A Get Together, Won’t Be Long entre otras, con el que consiguieron sentar a todo el recinto de una forma épica y arrolladora hasta tal punto que me atrevería a decir que tras ello a más de uno le supo a poco el directo de Kasabian. Almqvist no paró de moverse de un lado a otro mientras animando incitaba a continuar con la fiesta. Resulta imposible después de lo vivido que hubiese alguien a quien no le fascinase la energía del quinteto sueco.

Ante esto el trámite hasta Kasabian parecía claro pero The Ting Tings se empeñaron en tan solo tres golpes de una breve introducción de demostrar el porqué de su nominación al Grammy, Great Dj y Hang It Up, bailarinas incluidas. El juego visual y las proyecciones hicieron el resto, Katie y Jules se quitaron la presión de estar entre los dos grandes de la jornada con una versión de Hands muy aclamada, poniéndonos difícil la elección entre suecos o británicos.

A su término, sin dejar un segundo de respiro, saltaron Kasabian con una actitud desafiante de su líder Tom Meighan, demostrando el porqué de su elección como cabezas de cartel de una forma idónea y es que fueron los que más publico congregaron durante todo el festival. Una ola de saltos y manos arriba disfrutaron desde el primer acorde de Club Foot, Where Did All The Love Go?, bajo un carisma único que los sitúa ya un escalón mediático por encima de bandas como las anteriormente nombradas, porque encima demuestran su clase al llevar trompetistas, hacer un popurrí de algunos temas y permitirse tocar Vlad The Impaler con impasividad mientras el público clama un Fire con el que terminamos de estallar.

Tras los ingleses, el punk electrónico de The Sounds se apodero del segundo escenario. Los suecos, liderados por una provocadora Maja Ivarsson, descargaron en su mayoría temas de su último trabajo, “Something To Die For”, con algún que otro tema más clásico como Living In America o Tony the Beat. Ya a altas horas, teniendo en cuenta que algunos llevábamos desde las cuatro en el recinto, los que aguantaron a Crystal Castles, fueron capaces de presenciar porque el dúo provoca opiniones tan extremas desde lo más aclamado a lo más odiado. Alice Glass dio un concierto acorde a sus expectativas, se tiró, como suele hacer, al público e intento contagiar su delirio como buenamente pudo para despedir una edición que pasa con nota alta hasta la próxima.

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