Perro
31 de Enero de 2013
Sala Siroco, Madrid

La química y el buen rollo de Perro se transmiten desde la primera hasta la última canción, y si ya de por si su música es adictiva y diferente, su directo no te deja impasible. Tienen algo que por el momento les hace únicos, una sensación de impaciencia por empezar desde el primer momento a mover ese bacalao del que hacen gala. Y a uno, murciano de nacimiento, haciendo vida en Madrid, le es imposible emocionarse con unos chavales a los que veías por el circuito local hace unos años. El esfuerzo y la paciencia da sus frutos, y Perro son el mejor ejemplo.
En el directo, desde los primeros compases de “Gran Ejemplo De Juventud”, demuestran ser uno de esos grupos que conectan rápido con el público a base de bromas, sobre todo las de Guillermo Fabre, su vocalista, capaz de improvisar con ayuda de Fran y Aarón, provocar complicidad con toda la sala y salir del paso mientras Adrián cambia una de las cuerdas del bajo. Sin embargo, improvisen o no, en sus canciones hay un gran punto de naturalidad, de decir y hacer las cosas como más te gusta, y eso es algo que se contagia, como el caso de una coreada “Marlotina”. Mientras, otras como “Calculadora Troglodita” tienen la pegada definitiva para poner una sala patas arriba, y la frescura necesaria como para que sea uno de los momentos inolvidables de la noche.
Con el personal entregado de principio a fin a su directo y enérgico combo, van descargando temas de su primer largo intercalándolos con algunos de sus maquetas, como “Atrévete a Bailarlo” y sus dos primeros minutos de intensidad y fuerza, al tiempo que rotan en sus instrumentos de una forma sutil y elegante, llevando a otra dimensión los cambios de ritmo finales de “Catán” y de “La Reina de Inglaterra”. Y para el final, la confirmación con “El Ecco y Equiseto” de que estamos ante uno de esos grupos que dentro de unos meses darán mucho que hablar, si es que no lo están haciendo ya. Divertidos, potentes, bromistas y cercanos. El directo imprescindible de las grandes citas.