Garbí, todo lo que cabe en ‘Aquel intenso azul’

Hay grupos que necesitan varias canciones para explicar quiénes son. Garbí, en cambio, pueden hacerlo en apenas unos segundos. Una melodía que parece suave, una guitarra que empieza a crecer y, de pronto, una descarga de ruido y rabia que no rompe la canción, sino que termina de darle sentido. En esa convivencia entre lo delicado y lo agresivo se encuentra buena parte de su identidad. También el corazón de ‘Aquel intenso azul’, su tercer disco y probablemente el trabajo que mejor reúne todas las caras de la banda.

Formados en València en 2019, Garbí nacieron como un proyecto de cuatro amigos con una filosofía independiente y una forma de trabajar muy ligada a la autoproducción. Su música parte del emo y del rock alternativo de los noventa, pero nunca se ha quedado dentro de una única etiqueta. En sus canciones también aparecen el post-hardcore, el post-rock, el shoegaze, el pop punk y una influencia cada vez más visible del rock japonés. Ellos mismos han llegado a definir su sonido como «post-todo», una expresión informal, pero bastante precisa para un grupo al que parece interesarle más la emoción que la pureza de género.

Su recorrido comenzó con el EP ‘Bisiesto’ en 2020 y continuó con ‘…y todas las cosas que quieres ser’ en 2021, un debut luminoso y melancólico que ya dejaba ver su facilidad para convertir la nostalgia en grandes canciones. Después llegarían ‘Un abrazo así’ y ‘A este lado del telón’, publicado en 2024, donde mostraron un tono más oscuro, visceral y experimental. Todo ese aprendizaje desemboca en ‘Aquel intenso azul’, publicado el 26 de noviembre de 2025. 13 canciones en las que Garbí consiguen ordenar todas sus influencias alrededor de una misma idea.

El azul del título no funciona únicamente como una decisión estética. Está en el cielo, en el mar y en la distancia con la que observamos algo que ya no podemos recuperar. Es el color de un recuerdo que quizá no fue tan perfecto como creemos, pero que con el paso del tiempo ha adquirido una luz distinta. El disco habla desde ahí, desde la nostalgia, el amor, el desamor, el miedo a cambiar y la sensación de no reconocer del todo a la persona en la que uno se ha convertido.

Garbí construyen ese relato sin mantener una única intensidad. ‘Aquel intenso azul’ puede ser cálido, melódico, y también puede endurecer las guitarras, acelerar el pulso y dejar que las voces lleguen al límite. Ese contraste es una de sus mayores virtudes. Los momentos suaves hacen que los estallidos resulten más intensos, mientras que los pasajes agresivos consiguen que la calma posterior sea sentida como necesaria. Y a diferencia de otras bandas, no utilizan la agresividad para aparentar dureza sino para decir aquello que una voz tranquila ya no puede decir.

El disco comienza con ‘reflejos’, una canción atravesada por el mar, la cercanía y el miedo a perder a otra persona. Después, ‘seguir sufriendo’, junto a Carla de Hazme Caso, convierte el desgaste de una relación en una conversación llena de frustración. En ‘ahora ya da igual’ el conflicto se vuelve más íntimo y enfrenta a quien uno quería ser con aquello en lo que se ha convertido, mientras que ‘vuelta atrás’ mira al pasado desde la certeza de que no existe ninguna forma real de volver. Y ‘ya no duele’ introduce una calma extraña y ambigua.

Otro de los puntos interesantes y de los rasgos que más distingue a Garbí dentro de la escena estatal es su relación con el rock japonés. Se percibe en la manera de construir las guitarras, en ciertos cambios de dinámica y en una búsqueda melódica que convive con estructuras nerviosas y angulosas. Esa conexión se hace explícita en ‘意味はない (imiwanai)’, interpretada en japonés y situada en uno de los puntos más altos del álbum.

Después aparece ‘apagón’, una pieza dura que se acerca a la depresión y a la dificultad de seguir adelante. En el centro del disco está ‘kondo / ima’, una composición de más de siete minutos que funciona como bisagra entre el peso del ayer y la posibilidad de avanzar. Aquí la influencia del post-rock resulta especialmente visible porque la canción respira, crece y acumula esa tensión propia del género.

A partir de ese momento, ‘Aquel intenso azul’ comienza a dejar entrar algo más de luz. ‘aún mejor’ habla del miedo a no estar a la altura, pero también del deseo de compartir la vida con quienes siguen cerca. También ‘estás aquí’, junto a la cantante valenciana Maranya, intensifica esa necesidad de compañía, mientras que ‘mi último aliento’ vuelve a unir las dos naturalezas de la banda.

Y antes del cierre llega ’21:12′, una pieza hablada que funciona como una anotación de diario. Finalmente, ‘meseta añil’, una de mis preferidas, recupera la imagen que da nombre al disco y regresa al mar, al aire y al recuerdo de una felicidad que parece imposible reproducir.

Lo mejor de ‘Aquel intenso azul’ es que no necesita elegir entre melodía y ruido, entre vulnerabilidad y energía. Garbí pueden sonar suaves sin perder tensión y agresivos sin dejar de resultar cercanos. Una guitarra limpia puede provocar tanto como un muro de distorsión y un fragmento hablado puede dar con la misma fuerza que un grito. Una gran puerta de entrada para quienes aún no conozcan al grupo y la confirmación de que Garbí han encontrado una manera muy personal de convertir la memoria en sonido.

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