
No obstante, tal y como se podía esperar, pese a ser un disco en el que Jake y Brendan intercambian protagonismo, el concepto sigue siendo el mismo, un esfuerzo por reactivar el emo de los ’90 en el que tanto Jake como Brendan centran gran parte de sus composiciones. Canciones pesadas y enérgicas, muy en tono con el estilo de bandas como Brand New, Manchester Orchestra y Kevin Devine pero algo más complejas, plagadas de otros subgéneros.
No hay discusión posible a lo largo de sus 11 canciones, todo va en la misma dirección, y al final, el nombre de “Holy Ghost” describe muy bien el sentir del disco. Dónde Jake se apoya en el punk de American Football o el indie de Smoking Popes como influencia en sus nasales voces, Brendan es un poco más picante, un poco más salvaje y más propenso a gritar en las partes en las que Jake susurra.
Parte importante es que los seguidores de los primeros discos pueden verse algo sorprendidos en una primera escucha por lo eléctrico de este, a pesar de que no se vea reducida la fragilidad, la intimidad o la calidez de sus días más profundos. Un disco que gana en segundas escuchas, en las que realmente se empieza a comprender.
Una comprensión que radica en que dónde para Jake hay pausas en el ritmo, para Brendan cada canción coge velocidades de vértigo, como si de un puzzle se tratara, haciendo girar todas las piezas hasta que encajan. Esto hace que toda canción parezca apoyarse en la anterior y que la respiración entre ellas sea la idónea. Un disco con el que dan un paso más.
Canciones para no perderte: “Mass”, “Breathing in Stereo” y “Just Another Face”.