Toundra – (IV)

toundraToundra, una sensación de optimismo romántico. Desde el primer “(I)” son una de las bandas cuya evolución se remarca en cada uno de sus trabajos. De envoltura fría, pero de corazón cálido, en 2012, Toundra publicaban su tercer trabajo aumentando considerablemente su popularidad, llegando a tocar en todo tipo de festivales, entre los que destacan el FIB y Primavera Sound. Por aquel entonces, su confirmada e interesante propuesta consiguió algo que pocas veces he visto, contentar a todo tipo de personas, desde los más próximos al heavy metal hasta los simpatizantes del pop.

Algunos elogiaron el alcance, la grandeza y la voluntad de la banda de explorar más allá de los limites del “post-rock”, el patrón ‘suave-fuerte-suave‘ no es algo que se ajuste a la dinámica de Toundra, no hay canciones demasiado suaves ni demasiado rígidas, sino una colección de canciones de rock donde cada nota se complementa y llena la anterior, dónde cada disco no se entiende sin su predecesor.

El nuevo disco de Toundra, titulado “(IV)”, es la siguiente interacción del sonido que se inició en 2008 con “Bajamar”, y al igual que con aquel disco, “Strelka” abre “(IV)” con un sonido ambiente de una forma muy pausada, en un suave ascenso de ocho minutos sin llegar a estallar. Una sugerente curva de lo que nos deparará el resto del disco, canciones ligeras y más armoniosas. Así se presenta “Qarqom“, fácil de entrar, atmosfericamente brillante, pero difícil de alcanzar. Una canción que roza los diez minutos en los que Toundra han alcanzado un patrón único, con estructuras itinerantes que no te esperas. Es sin duda una de mis destacadas, y creo que lo será durante mucho tiempo.

Sin embargo, no sólo hay un gran salto a nivel compositivo, sino que también es algo que podemos apreciar en la producción. Las canciones suenan más definidas, luminosas y consistentes, al tiempo que guarda sorpresas que reflejan ese grado de madurez y variedad que alcanzan. En “(IV)” encontramos desde los profundos y distorsionados zumbidos de “Lluvia“, la acústica y orquestal “Viesca“, llena de trompetas y violines con los que me pregunto si una canción instrumental puede contar una historia. La respuesta es si, Toundra han alcanzado ese nivel, hasta llegar a los intensos dos minutos de “MRWING“, de textura divertida y de agradable balanceo.

Por el camino tenemos los siete minutos de “Belenos“, donde queda reflejado que Toundra son lo suficientemente hábiles para tomar riesgos dentro de su propio sonido, dando más importancia a los tonos agudos y bajando la intensidad de los riffs potentes, como podemos apreciar en sus grandes cambios de ritmo. Mención especial merecen los dos singles, puesto que ambas tienen su climax aparte. “Kitsune” y “Oro Rojo” son canciones eficaces y minimalistas que progresan tan intensamente como un maratón, en especial la última, la más pegadiza de las ocho, absolutamente alucinante. Hay bandas que conocen sus límites y fronteras, otras como Toundra se estiran un poco para combinar el más intenso rock de un solo de guitarra abrasador, con momentos de calma y diferentes ambientes de fondo para que aquel “post-rock” que nombré al comienzo quede ya lejano.

En lineas generales, hay momentos en los que desearía que toda la música sonase como “(IV)”, descarado, fuerte, redentor o atmosférico, reservado, y sobre todo, fresco, muy fresco. Toundra han hecho con este trabajo la mejor de sus composiciones, un salto cualitativo que aunque ya parezca normal, no es nada sencillo. Cautivador y sorprendente desde primera escucha, el murmullo simple e ininteligible de algunas palabras pueden cambiar la vida de una persona para siempre y para nuestra suerte, “(IV)” no las necesita porque la falta de voz, de alguna manera, hace de este álbum una sensación aún más poética de lo que se puede imaginar. Muy recomendable.

1. Strelka
2. Qarqom
3. Lluvia
4. Belenos
5. Viesca
6. Kitsune
7. MRWING
8. Oro Rojo

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